- Feliz cumpleaños, camarada Makarenko! Ahora también tiene los accesorios... - dijo Igor mientras me besaba la mano. Me pregunté de dónde, de qué montón de polvo, había sacado al pobre Makarenko. Ni los rusos se acordaban ya de él ni de su Poema pedagógico.
En una tienda bosniaca de Rotterdam, Johanneke había comprado ajvar de Macedonia, galletas napolitanas de la marca Jadro y un paquete de café Minas. Lo había metido todo en una caja en la que por un lado había escrito: "Botiquin de primeros auxilios para yugonostálgicos", y por el otro: "Yugonostalgic Help Kit". Ante trajo una maceta de romero. Ana me regaló una fotocopia de la primera cartilla escolar yugoslava de postguerra, de 1948. Me pregunté cuántos esfuerzos le había costado que esta fotocopia llegara a Amsterdam.
Vinieron Mario, Boban, Darko y Uros. Incluso Amra, la joven que tenía un bebé y que casi nunca había asistido a mis clases, se pasó un ratito. También asomó por allí Zole, el que había declarado que su pareja era un holandés gay para que le dieran el permiso de residencia. Vino incluso Laki, del cual me había olvidado por completo.
El Ministerio del Dolor, Dubravka Ugresic
Em sembla em sembla molt que aquest paràgraf desmereix el global. Però tot just acabo de començar el llibre, no ho sé
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